ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: EL LABERINTO. UN SÍMBOLO ANCESTRAL DE CONOCIMIENTO INICIÁTICO.
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lunes, 7 de agosto de 2017

EL LABERINTO. UN SÍMBOLO ANCESTRAL DE CONOCIMIENTO INICIÁTICO.


Petroglifos de Mogor

El arte rupestre es, a pesar de las dificultades interpretativas, la mejor forma para tratar de adentrarnos en las estructuras mentales del hombre prehistórico. En términos generales, las expresiones artísticas de nuestros más lejanos ancestros, las podemos dividir en dos grandes grupos. Por un lado tenemos el conocido como arte mueble, una serie de representaciones llevadas a cabo sobre pequeños objetos, y por otro las pinturas y grabados rupestres, realizados sobre las paredes de las cuevas o en piedras talladas al aire libre.

En este artículo vamos a referirnos a estos últimos, y dentro de ellos a la importancia que ha tenido a lo largo de la historia la representación de petroglifos, por ser unas expresiones artísticas con una enorme carga simbólica, que en el caso europeo podemos datar en la Edad del Bronce, y que estarían presentes en una amplia zona comprendida en la fachada atlántica, desde Canarias hasta las costas de Noruega.

En términos generales, estos grabados en piedra están asociados con la existencia de monumentos megalíticos, aunque los problemas a la hora de interpretarlos ha llevado a plantear una serie de hipótesis que en la actualidad no parecen gozar de una relativa aceptación entre la comunidad científica, por haberse hecho de espaldas a los estudios antropológicos, lingüísticos e incluso astronómicos. Las explicaciones que interpretan los grabados como una mera representación artística sin función aparente, e incluso los que pretenden ver en las figuras algún tipo de cabañas o mapas esquemáticos de territorios de caza, no pueden considerarse más que como meras especulaciones que dejan sin respuesta la pregunta sobre cuáles fueron los motivos por los que un grupo de seres humanos y unos artistas de territorios tan alejados como los que estamos hablando, emprendieron un trabajo como éste para expresar las creencias más íntimas de su comunidad, sus sentimientos e incluso sus problemas cotidianos. 

Otro de los enigmas que envuelven a estas manifestaciones primigenias del hombre prehistórico, es la increíble expansión del fenómeno por una zona en donde en un principio no pudieron existir contactos entre comunidades alejadas miles de kilómetros entre sí. Por este motivo, la existencia de estructuras mentales similares y la aplicación de unas mismas técnicas artísticas para que éstas perdurasen en el tiempo, sólo pueden ser explicadas recurriendo a un improbable cúmulo de coincidencias, o bien “por la posibilidad de que haya existido ese nexo de unión que hasta ahora no hemos encontrado y que daría respuesta a muchas otras incógnitas que nos obligan a tratar el pasado más remoto como un conjunto de elucubraciones difícilmente comparables” (Civilizaciones perdidas. Tomé Martínez).

Según este mismo autor, los lugares en donde aparecen representados estos petroglifos podrían ser interpretados como lugares de transmisión de conocimientos, tal y como podemos observar en la Pedra das Ferraduras en la parroquia de San Xurxo de Sacos, en el que tenemos varios grabados con diferente cronología pero con un evidente sentido unitario que se prolonga en el tiempo. No en vano, los petroglifos expresan una extraña simbología cuya naturaleza aún no podemos comprender: círculos concéntricos, cruces, motivos serpentiformes, parecen tener un significado sagrado, e incluso un sentido cósmico, llevados a cabo por la necesidad de transmitir la esencia de la auténtica identidad de estos pueblos desde tiempos remotos. 

                                                                 Petroglifos de Mogor

Uno de los motivos que más se repiten en los petroglifos rupestres españoles y del resto de Europa, es el laberinto, el cual podemos considerar como uno de los grandes símbolos universales, cuya influencia se ha dejado sentir hasta tiempos relativamente cercanos a nosotros. Algunos de estos laberintos los podemos observar en las paredes y suelos de algunas catedrales europeas, e incluso decorando los jardines renacentistas, y siempre con el mismo significado, como un símbolo de la ancestral búsqueda del conocimiento hermético relacionado con el mundo de la magia, lo sagrado y el cosmos. 

Una de las representaciones más significativas de este antiguo símbolo lo encontramos en nuestro país en la parroquia de A Barriada, en Pontevedra. Nos referimos a los petroglifos de Mogor, formados por tres conjuntos de grabados rupestres que constituyen la muestra más importante del denominado arte rupestre galaico. La cronología del conjunto no es del todo segura, pero podemos situarlo entre el 3000 y el 2000 a.C. 

El primero de estos conjuntos es probablemente el más interesante para los estudiosos del arte primitivo y su significado simbólico. Es la Pedra do Laberinto, una roca de 5 x 1,5 metros, en el que destaca un laberinto formado por surcos anchos y profundos en torno a una cazoleta. A tan solo 10 metros de la anterior tenemos la Pedra dos Campiños, con nuevas formas laberínticas, pero más desgastadas y por lo tanto sólo visible bajo ciertas condiciones lumínicas concretas. La Laxe dos Mouros también cuenta con formas circulares y varios grupos de cazoletas, pero en esta ocasión observamos la introducción de figuras animales como un cérvido, complicando la interpretación simbólica del conjunto. 

Igualmente interesantes son los petroglifos encontrados en la Maragatería leonesa, al ser considerados los más antiguos del mundo. Recientes investigaciones le han otorgado una antigüedad mínima de 5000 años, pudiendo ser la prueba definitiva que echaría por tierra la creencia del origen oriental de este tipo de símbolos con un significado tan amplio y a la vez complejo. En términos generales el símbolo del laberinto se ha relacionado con lo espiritual, en este sentido se cree que muchos laberintos representados en el suelo podrían funcionar como una especie de trampa para atrapar a los malos espíritus antes de que entrasen en un lugar sagrado. Lo realmente interesante es que está función estaría documentada desde tiempos prehistóricos, pudiendo constatar la presencia de estos laberintos en el piso de algunas iglesias católicas, cerca del baptisterio, lugar en donde se bautiza a los nuevos fieles. Del mismo modo, la imagen del laberinto se puede trazar en las puertas de los edificios como sistema de protección contra los malos espíritus, aunque ésta no debe ser considerada como la única función de un símbolo ancestral.

                                               Moneda cretense con la representación del laberinto del Minotauro

El laberinto también está asociado a los rituales de iniciación, representando una búsqueda personal y de conocimiento hermético, a partir de un ritual iniciático y la superación de diversas pruebas hasta alcanzar un nivel de sabiduría de tipo trascendente. No en vano, durante la Edad Media esta misma idea se asocia a la superación de diversas pruebas para alcanzar la comunión con la divinidad. El laberinto de algunos templos cristianos representaría el camino llevado a cabo por los creyentes con la intención de llegar hasta Dios, unos caminos enredados y difíciles cuya meta no podría ser otra más que un centro que simboliza la idea del sufrimiento de Cristo en la Cruz. El recorrido del peregrino por este laberinto llevaría a la muerte simbólica del pecador para volver a nacer purificado cuando alcanzase su centro. De esta forma, desde nuestro punto de vista, cabría señalar el claro paralelismo entre el centro del laberinto y la simbología propia del Santo Grial, relacionado también con la búsqueda iniciática de tipo trascendental. 


                               Mapa de Jericó en el siglo XIV, en la Biblia Farhi de Elisha ben Avraham Crescas
   

La adopción de una filosofía antropocéntrica durante el Renacimiento, se refleja en la representación de nuevos laberintos, cuyo centro simboliza en esta ocasión la existencia de un ser humano plenamente desarrollado y asociado a los valores del perfecto caballero renacentista. 


                                                                        Laberinto de la Catedral de Chartres.




























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