ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA EN HISPANIA.
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miércoles, 22 de marzo de 2017

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA EN HISPANIA.


Hace más de dos mil años, dos grandes potencias, Roma y Cartago, se enfrentaron en una lucha a muerte por conseguir la hegemonía en el Mediterráneo. La magnitud de recursos utilizados, así como la variedad de los espacios geográficos en donde se luchó, son motivos suficientes para considerar a esta contienda como la auténtica primera gran guerra mundial de la Historia. Como comprenderá el lector, la Península Ibérica tuvo un papel protagonista. 



Recientemente saltó a los medios de comunicación una noticia que logró maravillar a todos aquellos amantes de la historia de nuestro pasado. En la ciudad de Cartagena, después de una larga búsqueda, se había logrado por fin identificar el lugar exacto en el que en su día estuvo el palacio de Asdrúbal. Éste fue un personaje fundamental para comprender los acontecimientos que siguieron al estallido de la Segunda Guerra Púnica, uno de cuyos escenarios más importantes estuvo en España y que, según todos los historiadores, tuvo una importancia capital para decidir un conflicto con el que se dirimió el destino del mundo antiguo. 

Todo empezó en el año 219 antes de Cristo, cuando otro general cartaginés, Aníbal, decidió dar un paso adelante y tomar la estratégica ciudad levantina de Sagunto. Esa tenía que ser la excusa perfecta para forzar a los romanos a declarar una guerra que él deseaba más que nadie. La humillante derrota sufrida por Cartago en ese primer conflicto que enfrentó a las dos potencias mediterráneas entre el 264 y el 241 antes de Cristo, no podía ser olvidada, y ahora había llegado el momento de cobrarse justa venganza. 

En este sentido, la Península Ibérica se había convertido en una excelente reserva en donde los cartagineses pudieron adquirir nuevos recursos para tratar de recuperar su maltrecha economía. Además, en la mente de Aníbal estas tierras debían de convertirse en una inmejorable base de operaciones desde donde atacar a su odiado enemigo, y por eso los romanos siempre consideraron a España como el lugar en donde, con toda seguridad, se iban a producir las batallas más importantes en este conflicto que, salvando las distancias, muchos han considerado como la primera gran guerra mundial de la Historia. 

Así lo siguieron considerando cuando, en contra de todo pronóstico, Aníbal encabezó una épica marcha con un enorme ejército compuesto por más de 40000 hombres que tras atravesar los Alpes cayó, de forma imprevista, sobre una indefensa Italia que a partir de ese momento se dispuso a sufrir para sobrevivir a tan ardua prueba. Pero a pesar de todo, los romanos no se olvidaron de la Península Ibérica, incluso cuando la misma Roma llegó a peligrar ante el imparable avance de Aníbal por la Península Itálica. Por eso el Senado no dudó en enviar a Cneo Cornelio Escipión hacia España, al mando de una poderosa flota y un ejército compuesto por dos simples legiones que poco podían hacer frente a las fuerzas de Cartago que por aquel entonces alcanzaban los 26000 hombres. Tras desembarcar en Ampurias, Cneo Cornelio Escipión emprendió una rápida marcha para derrotar al pequeño contingente de Hannón y posteriormente ocupar la ciudad de Cesse, la futura Tarraco, por lo que se restableció la zona de influencia romana al norte de río Ebro. Esto es algo que no podían permitir los cartagineses, por eso enviaron una escuadra compuesta por 40 navíos hacia la zona de la desembocadura del Ebro, para ser nuevamente derrotados por unos romanos que desde ese momento se aseguraron el control del mar. Esta victoria animó a los senadores romanos, por eso hicieron un nuevo esfuerzo enviando al hermano de Cneo, Publio Cornelio Escipión, con una nueva flota de más de 30 navíos y otros 8000 hombres para reforzar la posición de Cneo que ya miraba descaradamente hacia el sur de sus posiciones originales. 

Es en estos momentos cuando se produce un episodio que se nos antoja fundamental para comprender el resultado de la contienda, cuando el gobierno cartaginés decidió enviar unos refuerzos que tenían preparados para ir a Italia con el objetivo de ayudar a un Aníbal, que acababa de infligir una importante derrota al ejército romano en los campos de Cannas. Según Tito Livio, este contingente estaba formado por 12000 infantes, 1500 jinetes, 20 elefantes y 60 barcos, dirigidos por Magón, que desde ese momento empezaron a recuperar el terreno perdido a pesar de los esfuerzos de los Escipiones por no verse desalojados del solar ibérico. Derrotados en Italia, los romanos sabían que su única posibilidad de supervivencia residía en frenar la acometida púnica, para así evitar que Aníbal pudiese abastecerse desde la lejana Hispania. Pues bien, el año 211 antes de Cristo los dos hermanos se pusieron nuevamente en movimiento, aprovechando que el ejército cartaginés se encontraba dividido para tratar de aplacar una revuelta de los pueblos indígenas en el sur peninsular. Publio Cornelio Escipión asumió la responsabilidad de dirigir a las dos terceras partes del ejército para atacar contundentemente a los contingentes dirigidos por Magón y por Asdrúbal Giscón, mientras que Cneo, con el tercio restante apoyado por los mercenarios celtíberos marchó contra Asdrúbal. 

En ese momento se produjo la fatalidad. Cuando todo parecía propicio para las armas romanas, el poderoso Asdrúbal consiguió, en el último momento atraerse el favor de los celtíberos, por lo que Cneo se vio obligado a recular hasta hacerse fuerte en un montículo cercano a la localidad de Ilorci. Al mismo tiempo, Publio a duras penas podía mantener sus posiciones, más aún, cuando los númidas llegaron en apoyo de los cartagineses, forzando al romano a presentar batalla para sufrir una apabullante derrota en la ciudad de Cástulo, en donde el general romano perdió la vida. La unión de todos los ejércitos púnicos, terminó por estrechar el cerco de Cneo que vio cómo su ejército era totalmente destruido antes de morir a manos de sus enemigos. 

El final parecía cercano, pero como una y otra vez demostraron durante su dilatada historia, los romanos se dispusieron a resistir. Además, el nombramiento de un nuevo comandante en jefe, Publio Cornelio Escipión, hijo del anterior, y que más tarde fue llamado El Africano, les permitió a los romanos restablecer la situación en la Península Ibérica. Al mando de 10000 legionarios, y apoyado por un importante contingente de caballería, Publio desembarcó en Ampurias para posteriormente dirigirse hasta Tarraco e iniciar una campaña que le permitió recuperar la hegemonía al norte del río Ebro. Pero no contento con ello, planificó una nueva operación que a la postre resultó decisiva para explicar el éxito de los romanos en esta larga Segunda Guerra Púnica. 

Consciente como era de la necesidad de contar con bases seguras desde las que presionar las posiciones cartaginesas en el sur de España, Publio tuvo la osadía de planificar la conquista de una ciudad que se consideraba inexpugnable: Cartago Nova. Gracias a un esplendida operación combinada, Publio logró plantarse ante las mismas puertas de Cartago Nova, sin que los ejércitos púnicos – el más cercano se encontraba en la Carpetania – se diesen cuenta del peligro que suponía perder este estratégico enclave. Mientras la flota romana tomaba posiciones alrededor de lo que hoy es Cartagena, Publio ordenó un ataque casi temerario contra el trecho de la muralla que protegía el istmo que daba acceso a la ciudad. Esto obligó a la guarnición cartaginesa a tomar posiciones justo en este mismo lugar. Pero en ese mismo momento, se produjo un hecho que los romanos habían previsto anteriormente. Las aguas del lago que rodeaban Cartago Nova, empezaron a descender como consecuencia de un fuerte viento que soplaba hacia el mar, situación que aprovecharon los atacantes para acceder hasta el interior de la ciudad utilizando unas largas escaleras de asedio. Ya era muy poco lo que podían hacer los cartagineses, que vieron con sus propios ojos como los defensores de la plaza eran masacrados mientras Cartago Nova era saqueada para conseguir un inmenso botín.

A partir de ese momento, los púnicos adoptaron una actitud claramente defensiva, tanto en Italia, en donde Aníbal no conseguía los apoyos necesarios para estrechar el cerco sobre Roma, como en España. Aquí, tras la caída de Cartago Nova en el 209 antes de Cristo, el camino hacia el valle del Guadalquivir y hacia la estratégica zona minera de Cástulo se mostraba expedito para una nueva ofensiva del aguerrido Publio que una y otro vez fue derrotando a los cartagineses hasta obligarlos a presentar batalla en la localidad de Carmona. Hasta allí llegó el romano al mando de unos 50000 hombres, forzando a Asdrúbal Giscón a avanzar desde Gades – la actual Cádiz – para frenar la imparable progresión del Escipión. Tras unas jornadas en las que predominaron las simples escaramuzas, el romano ordenó un ataque frontal ante un enemigo fabulosamente atrincherado. Una posición como esa parecía difícilmente superable, y por eso Escipión tomó una decisión más que arriesgada. En un último momento sorprendió a todo su estado mayor, al colocar a los contingentes iberos en el centro de la formación, mientras que lo mejor de su ejército se concentraba en las alas. Con ellas inició el ataque contra las alas de los cartagineses, mientras que el centro de la formación púnica, en donde se concentraba lo más fuerte de su ejército, nada podía hacer para no dejar desguarnecida la línea defensiva de unos desesperados cartagineses que observaban apesadumbrados, como los mejores soldados romanos se batían contra los más débiles del ejército púnico, sin que pudiesen hacer nada para remediarlo. 

La victoria romana fue total. Gades, que lo vio todo perdido, rompió todas sus alianzas con Cartago y abrió las puertas de la localidad a los ejércitos romanos, poniendo fin a la presencia de los cartagineses en España. Aníbal, que lo vio todo perdido, decidió abandonar Italia para presentar batalla a las legiones romanas que habían desembarcado en África, pero nada pudo hacer. Cartago iba a perder la guerra, dejando a Roma como potencia hegemónica en el Mediterráneo y dueña de un destino que le terminó convirtiendo en la civilización más influyente de la Historia de la humanidad; y todo ello después de un largo y sangriento conflicto, cuyos episodios más importantes se dieron en España.

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