ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: JUAN LUIS VIVES. EL GRAN HUMANISTA ESPAÑOL.
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miércoles, 22 de marzo de 2017

JUAN LUIS VIVES. EL GRAN HUMANISTA ESPAÑOL.



A principios del siglo XX Albert Schweitzer, un teólogo alemán, ganador del prestigioso premio Nobel de la Paz del año 1952, escribió una obra (Historia de la investigación de la vida de Jesús) en la que intentaba demostrar que la imagen de Jesucristo era fruto de los ideales, intereses y anhelos de unos teólogos que habían proyectado sus deseos, de forma ingenua pero también interesada, para tratar de reconstruir la biografía del Jesús histórico. Para el alemán, Jesucristo habría anunciado la llegada del Reino de Dios, proponiendo una ética radical basada en la fraternidad, el perdón y la comunión de bienes, pero su proyecto fracasó, motivo por el cual, sus discípulos terminaron creando una Iglesia que, progresivamente, fue abandonando los principios éticos de Jesús, para terminar pactando con los poderes que le habían condenado. 

De esta forma, Schweitzer reconoció el papel de la Iglesia para mantener el recuerdo del Mesías, aunque para él, los verdaderos transmisores de su obra fueron los partidarios de un nuevo sistema caracterizado por el apoyo a los grupos sociales más desfavorecidos, y por supuesto, los que se alinearon a favor de concordia, la fraternidad y el perdón de los pecados, lejos de unas jerarquías eclesiásticas asociadas a los poderes políticos y a los grupos económicos privilegiados. 

Así, Schweitzer recuperaba los ideales del humanismo renacentista europeo y su interés por reformar una Iglesia que ellos consideraban una institución, cuyo único objetivo era ayudar a los hombres, recuperando el mensaje de los primeros cristianos y evitando las devociones desmedidas y las formas eclesiásticas tradicionales. De entre todos estos humanistas, destacó el español Juan Luis Vives, el cual pasó a la posteridad por ser el primer pensador que trató de llevar a la práctica un servicio organizado de asistencia social y por lo tanto por ser un auténtico precursor de lo que más tarde serán los servicios sociales en los países de la Europa Contemporánea. 

Miguel Vives nació en la ciudad de Valencia el 6 de marzo de 1492. A pesar de pertenecer a una familia de ricos comerciantes hebreos, obligados a convertirse para no ser expulsados del reino, su infancia no fue del todo tranquila, porque siendo sólo un niño, la Inquisición descubrió a su familia en una sinagoga practicando la liturgia judía. El inicio del proceso inquisitorial contra los suyos no le impidió a Vives el acceso a la Universidad de Valencia, en donde permaneció desde el año 1507 hasta el 1509, iniciándose en los estudios de Gramática, pero la muerte de su madre, unida a la preocupación de su padre por el cariz que estaba tomando el juicio inquisitorial, provocó la marcha de Vives hacia un país extranjero, para mantenerse lejos de un problema que amenazaba a todos los miembros de su propia familia. 

En otoño de ese mismo año, Juan Luis Vives viajó hasta la prestigiosa Universidad de la Sorbona en París. Allí terminó sus estudios y alcanzó el grado de Doctor, para después trasladarse hasta Brujas, ciudad en la que estaban asentadas algunas familias de mercaderes valencianos, entre ellas la de Margarida Valldaura, con la que contrajo matrimonio. En esta bella localidad flamenca, Vives fue nombrado preceptor de Guillen de Croy (más tarde arzobispo de Toledo) y poco después pasó a formar del cuerpo de profesores de la Universidad de Lovaina, en donde trabó sincera amistad con el influyente humanista Erasmo de Rotterdam. 

A pesar de sus preocupaciones por la delicada situación en la que se encontraba su padre en España, su carrera siguió progresando. En 1521 Juan Luis Vives conoció a Tomas Moro en Brujas, ciudad en donde estaban reunidos Carlos V y el Cardenal Wolsey, y posteriormente se convirtió en preceptor de la princesa María de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, labor que compaginaba con sus clases de humanidades en la universidad de Oxford. Nada parecía contrariar la suerte de un hombre cuya fama se propagó por las ciudades de media Europa, pero muy pronto el destino de Vives empezó a ensombrecerse. 

En 1525, Enrique VIII se enamoró perdidamente de Ana Bolena, en la que buscó consuelo por la incapacidad de Catalina de Aragón para darle un hijo varón. Se inició entonces un proceso por el que el rey inglés trató de conseguir la nulidad matrimonial, que a la postre se convirtió en la excusa perfecta para la ruptura con el Papado. Como no podría haber sido de otra manera, Vives apoyó desde el principio a Tomas Moro y a la reina, razón por la que fue obligado a abandonar Inglaterra para volver a Brujas, en donde retomó sus contactos con el gran Erasmo y dio inicio a su época de mayor fecundidad literaria. 

La tranquilidad de Vives no duró mucho tiempo, porque la desgracia y la injusticia no tardaron en golpear con fuerza a un hombre que hasta ese momento se había entregado a la causa del humanismo. En 1526 recibió la terrible noticia de la muerte de su padre, quien después de un largo y deshonroso juicio fue condenado y quemado en la hoguera por sus prácticas judaizantes. No contentos con semejante atrocidad, el tribunal inquisitorial ordenó desenterrar a la madre de Juan Luís Vives, fallecida en el 1508, para quemar sus restos mortales en el año 1529. 

La muerte de su padre, y el denigrante trato que había recibido su añorada madre, provocaron una fuerte depresión anímica en el sabio español. Su salud pronto acabó resintiéndose pero aun así, Juan Luis Vives no abandonó su empeño de luchar por aquello en lo que él siempre había creído. Durante una nueva estancia en Brujas escribió su Tratado del socorro de los pobres, en la que refleja su sincera conciencia social al exigir ayuda económica y humana para los pobres, especialmente por parte de aquellos que habían recibido el mandato de ponerse de parte de los más desfavorecidos. También abordó la necesidad de renovar la pedagogía, convirtiéndose en un reformador de la educación europea y en un filósofo moralista con un enorme reconocimiento a nivel internacional, destacando su empeño por adaptar el latín de los textos medievales a un lenguaje más moderno y asequible para los estudiantes.

Su debilitamiento físico se hizo más evidente cuando empezó a sufrir continuos dolores provocados por una úlcera estomacal, acompañados por terribles dolores de cabeza que se agravaron después de conocer la condena a muerte a la que fue sometido su gran amigo Tomás Moro, por oponerse al divorcio del rey inglés con Catalina de Aragón. Para colmo de males, su situación económica empezó a resentirse progresivamente, lo que le llevó a buscar la protección de Carlos V, a quién terminó dedicando su obra De concordia et discordia in humano genere, en la que expone su talante conciliador, moderado y comprensivo, dentro del humanismo católico, de la que es considerado su máximo representante, para hacer frente a los extremismos ideológicos que al final provocaron el estallido de las Guerras de Religión en la Europa del siglo XVI. 

Los años fueron pasando, y su salud ya nunca mejoró. Los dolores provocados por la artrosis que padeció durante los últimos años de su vida le mantuvieron postrado en su lecho hasta el día 6 de mayo de 1540, en el que Vives moría en su casa de Brujas sin abandonar su sueño, compartido con Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro, de ver a una Iglesia en la que él seguía creyendo, recuperando los principios a la que había sido llamada y al servicio de los que más la necesitaban.

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