ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: EL TESORO SAGRADO DE LA IGLESIA DE VALDEDIOS. ASTURIAS.
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viernes, 23 de diciembre de 2016

EL TESORO SAGRADO DE LA IGLESIA DE VALDEDIOS. ASTURIAS.


En los últimos años, una nueva generación de apasionados investigadores del pasado han vuelto su mirada hacia unos objetos que desde siempre han cautivado a todo tipo de estudiosos, profesores, arqueólogos y enamorados de lo oculto. Los objetos de poder son unos utensilios cargados de espiritualidad por haber pertenecido o estado en contacto con un personaje fuera de lo común. Entre todas estas reliquias, una ha llamado poderosamente la atención, especialmente porque su recorrido histórico está claramente relacionado con España: la Mesa de Salomón. 

En el estudio de este artefacto debe de distinguirse dos aspectos, uno histórico relacionado con la presencia en el interior del Templo de Jerusalén de un objeto de culto denominado Mesa de los Panes de la Presencia, que según todos los indicios pudo terminar llegando hasta España en el siglo VI d.C., y otro legendario, asociado a una antigua tradición según la cual, el rey Salomón habría accedido a un alto grado de sabiduría mediante el conocimiento de una palabra secreta, El nombre de Dios, que posteriormente habría grabado sobre la superficie de la mesa para perpetuar su secreto. 

Lo más curioso de todo, es la constatación histórica del trayecto de la conocida como Mesa de Salomón a partir de las referencias documentales transmitidas por historiadores contemporáneos a los hechos, como Flavio Josefo o Procopio de Cesarea, además de por evidencias arqueológicas que no harían más que confirmar la presencia de la misma en la ciudad de Toledo, justo antes de la caída de la Península en manos de los musulmanes en el 711, momento en el que volvemos a tener nuevas referencias históricas sobre la escurridiza mesa, por parte de unos cronistas musulmanes que insistieron en la búsqueda que de ella hicieron los caudillos norteafricanos Tariq y Muza.

Mucho se dijo sobre el lugar en donde finalmente quedó oculto éste y otros objetos de poder. Algunos opinaron que nunca tuvieron que salir de Toledo; otros prefirieron pensar que fueron escondidos en algún enclave cercano a la ciudad de Jaén, pero el estudio que llevé a cabo mientras me documentaba para escribir mi libro El nombre de Dios, sobre el destino que tuvieron la práctica totalidad de las reliquias que en su momento estuvieron en manos de los visigodos me llevó a la convicción que éstas habían sido trasladadas hacia el norte para buscar cobijo en las montañas asturianas, y más concretamente en el majestuoso Monsacro. 




Precisamente, esta hipótesis vendría a coincidir con la creencia sobre la llegada del famoso tesoro sagrado de los visigodos hasta tierras norteñas. Se piensa que las reliquias judeocristianas podrían haber llegado efectivamente hasta la Montaña Sagrada asturiana, pero cabe la posibilidad que las de naturaleza veterotestamentaria, como la Mesa de Salomón e incluso el Arca de la Alianza, fuesen trasladas más tarde hasta Santo Toribio de Liébana o a la Iglesia de Valdediós, también llamada El Conventín, mandado construir por el rey Alfonso III, último representante de la monarquía astur, y por lo tanto custodio del tesoro sagrado de los visigodos. Lo más curioso es que la iglesia de Valdediós tiene en su parte posterior un espacio oculto, al que no se puede acceder por ninguna entrada, y que en la actualidad es conocida como la Cámara del Tesoro.

Pero esto no es todo, porque se dice que durante el primer viaje del rey Carlos I a España, el futuro emperador llevó a cabo un extraño y casi inexplicable recorrido que le llevó a visitar tanto El Conventín como Santo Toribio de Liébana, tal vez con el objetivo de recuperar un tesoro que le pertenecía, por considerarse descendiente directo de los reyes merovingios y visigodos.

La llegada del nuevo rey a España estuvo desde el principio rodeada de misterio. Antes de su desembarco en tierras de Villaviciosa, ordenó a la gran flota y a los cientos de cortesanos que le acompañaban que se hiciesen a la mar para dejarle solo junto a un pequeño grupo de personajes de su entera confianza. La razón de esta aparente intención por pasar desapercibido no la sabemos; lo que sí podemos asegurar es que poco después el rey habría sido recibido por un grupo de caballeros asturianos descendientes de los godos, tal vez custodios de los objetos de poder que aún permanecían por aquellas tierras.

¿Sabían aquellos individuos cuál habría sido el destino de un objeto con tanta importancia arqueológica y espiritual como la Mesa de Salomón? Es posible que sí, de lo que no tenemos duda es que este extraño episodio de nuestra historia dará mucho que hablar. 



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