ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: EL ORO DE TOLOSA
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jueves, 8 de diciembre de 2016

EL ORO DE TOLOSA


La existencia de tesoros perdidos, en cuyo origen podríamos fundir elementos históricos con otros claramente legendarios y míticos, la podemos rastrear desde nuestra más lejana antigüedad. Y es normal que así sea, porque el ser humano siempre ha soñado, en ocasiones más allá de toda lógica, con el hallazgo de un tesoro que le proporcionase riqueza material, especialmente en aquellos momentos en los que las injustas condiciones sociales condenaban a la mayor parte de la población a la más extrema pobreza.

Este es el caso del Aurum Tolosanum, del Oro de Tolosa, una tradición literaria sustentada en unos evidentes hechos históricos, pero aderezados con unos cautivadores ingredientes mitológicos y con la creencia en una maldición que, como no podría ser de otra manera, terminó por condenar a todos aquellos incautos que tuvieron la mala suerte de entrar en contacto con el aciago tesoro.

El inicio de esta fantástica historia lo podemos ubicar hace unos dos 2300 años, y más concretamente en el 279 a.C. en el que una serie de pueblos celtas cayeron de improvisto sobre la región balcánica, con la intención de apoderarse de todas las riquezas que sus lugares de origen les negaban. Uno de los enclaves que sufrió la devastación fue el prestigioso Templo de Apolo en Delfos, cuyo tesoro y objetos sagrados fueron sacrílegamente saqueados como parte de un botín que a partir de ese mismo momentos empezó a considerarse maldito.




Según las fuentes griegas, a las que hoy se les niega cualquier validez histórica por querer emulsionar elementos reales con otros puramente legendarios, el asalto al templo nunca pudo producirse, porque los atacantes, liderados por el prestigioso caudillo Brenno, habrían sido rechazados como consecuencia de la providencial intervención del divino Apolo. Según estas mismas fuentes, la ferocidad de la lucha llegó hasta tal extremo, que el caudillo celta cayó fatalmente herido por unas lesiones que le terminaron costando la vida, mientras que la confederación de pueblos bárbaros terminó por disgregarse para finalmente buscar refugio en diversos lugares del continente europeo.

Frente a esta postura, con lógicas tendencias prohelénicas, las fuentes romanas exponen una versión diferente, claramente anticéltica, tal vez por el recuerdo aún fresco de la sanguinaria invasión, sufrida por la propia Roma en el siglo IV a.C. Según los autores romanos, el Santuario de Delfos si habría sido devastado, y sus riquezas expoliadas por la tribu de los volcas tectósages, cuyos carros fueron cargados hasta rebosar con la escalofriante cantidad de 70 toneladas de oro. Desde allí, se habrían desplazado, muy poco a poco, hasta la región de Tolosa, para después esconder su tesoro en un pequeño santuario celta, en donde permaneció hasta que mucho más tarde fue hallado por el procónsul de la Galia Transalpina, Quinto Servilio Cepión, en el año 105 a.C. El oro de Tolosa había sido descubierto, a partir de ese momento nació el mito, pero también la maldición.




Como viene siendo habitual, la maldición no tardó mucho  tiempo en mostrar sus nefastos poderes, porque Cepión fue inmediatamente acusado de quedarse con el tesoro, después de simular una especie de asalto protagonizado por unos bandidos para apoderarse de todo el oro que en ese momento era transportado hasta Marsella, para desde allí tomar dirección hacia Roma. Pero la maldición no dio ni siquiera un respiro al malhadado procónsul, porque poco después su ejército fue humilladamente vencido en la batalla de Arausio por los cimbrios y los teutones.

Envuelto en la sospecha y derrotado en el campo de batalla, Cepión volvió a Roma para ser acusado y condenado a muerte, en una pena que al final se terminó conmutando por el destierro en la ciudad de Esmirna, desde donde fue testigo de la caída en desgracia de su antaño poderosa familia.

Después de la derrota del romano, la pista sobre este supuesto tesoro desapareció para relegar al olvido unos hechos que, como dijimos, siguen envueltos en el mito. Se dice que fueron muchos los que trataron de encontrar el Oro Maldito de Tolosa, pero el infortunio se cebó con todos aquellos que cometieron la imprudencia de perseguir un sueño que al final les terminó costando muy caro. Muchos siglos después, el recuerdo del  tesoro volvió a resurgir como consecuencia del surgimiento de una nueva leyenda, ésta relacionada con la existencia de un extraño sacerdote que pudo encontrar un gran tesoro en el pequeño pueblo francés de Rennes le-Chateau, cerca de la antigua Tolosa.

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