ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: LA MINA DEL HOLANDÉS.
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viernes, 11 de noviembre de 2016

LA MINA DEL HOLANDÉS.


Montes de la Superstición

En el sur de EEUU no es infrecuente la existencia de antiguas leyendas, que muchos siglos después nos siguen hablando sobre unos extraños tesoros, envueltos en el misterio, cuyas riquezas han llamado la atención de muchos aventureros hasta prácticamente nuestros días.
Uno de estos tesoros estaría relacionado con la famosa mina del alemán o del holandés, situada en los Montes de la Superstición, en el estado norteamericano de Arizona, un enclave mágico entre otras cosas porque los indios apaches lo consideraron el lugar en donde tendría su hogar el mismísimo Dios del Trueno. Las noticias sobre la presencia de ingentes cantidades de oro, tan abundantes como la sal en el mar, vendrían de lejos, y este fue el motivo por el que ya en el siglo XVI un conquistador español llamado Vázquez de Coronado, obsesionado con el hallazgo de las Siete Ciudades Perdidas de Cíbola, hubiese llegado hasta la zona, animado por el conocimiento de estas extrañas leyendas transmitidas por los apaches a los monjes hispánicos de México, y por su sueño de descubrir nuevos territorios.

Coronado no encontró oro, de eso podemos estar seguros, pero en cambio tuvo que observar como varios de sus hombres perdían la cabeza a manos de los indios, siendo los primeros de una larga serie de víctimas, que con el paso del tiempo darían a este tesoro un carácter maldito.
Pero si el tesoro de la mina del alemán tiene un auténtico protagonista, éste es, sin duda, Jacob Waltz, un inmigrante prusiano llegado a EEUU alrededor del 1840. Ocho años después, llegaron a sus oídos las primeras noticias sobre el descubrimiento de oro en la lejana California, iniciando una serie de viajes y de auténticas peripecias por el interior del inhóspito e inexplorado Oeste norteamericano, para fallar una y otra vez en su denodado intento de hacerse con una auténtica fortuna.
En 1862 tenemos constatada su presencia en el estado de Arizona, una región prácticamente despoblada en donde unas cuantas misiones españolas y unos destacamentos dispersos del ejército estadounidense sobrevivían, como podían, a los feroces ataques de los indios apaches, empeñados en masacrar a todos los intrusos que se atreviesen a profanar sus tierras.
No tenemos ningún tipo de certeza sobre ello, aunque hemos de suponer que Jacob Waltz habría llegado hasta este lugar atraído por las noticias que hablaban de la existencia de una auténtica mina de oro situada en el Monte de la Superstición, y que muchos años atrás habría pertenecido a alguno de los descendientes de Pedro Peralta, gobernador español de Nuevo México durante los años 1610 y 1614. Según estas mismas tradiciones, la familia de los Peralta fueron  dueños de una espectacular mina pero todos ellos habrían sido asesinados como consecuencia de un feroz ataque de los indios apaches. Uno de sus descendientes, Miguel Peralta comunicó el secreto a Jacob Waltz y su amigo Jacob Weiser, después de que estos le hubiesen salvado la vida en una trifulca producida en Arizpe. Para poder encontrar el camino, les ofreció un mapa con unas indicaciones precisas que les permitieron llegar sin demasiadas dificultades hasta el Monte de la Superstición. 


Una vez allí iniciaron rápidamente los trabajos de excavación, pero para su desgracia no pudieron descubrir nada, porque un día en el que Weiser se quedó solo en el yacimiento, recibió un ataque de los apaches. Weiser logró escapar hasta la casa de un médico que vivía en los alrededores, quien le ayudó a recuperarse, razón por la cual fue premiado con la posesión de un mapa cuyo paradero sigue siendo desconocido en nuestros días.
A Jacob Waltz, en cambio, se le perdió la pista durante algún tiempo, aunque hemos de suponer que el inmigrante prusiano invirtió una buena parte de su tiempo y su propia salud, buscando sin descanso el enclave en el que, a buen seguro, debía permanecer oculta esta mina. Y así transcurrió su vida, de fracaso en fracaso, hasta que al final tuvo la suerte de casarse con una india apache que le terminó desvelando el misterio de la montaña sagrada.
Desde este momento Waltz habría accedido sin ningún tipo de dificultad al tesoro, y aunque este episodio no está corroborado por las fuentes, hay quien dijo que en 1870 el alemán apareció en la ciudad de Phoenix, con una bolsa cargada de oro y allí, después de una borrachera y de gastar una auténtica fortuna cometió la imprudencia de desvelar el secreto: el del hallazgo de este gran tesoro en una mina que desde ese momento se llamó del alemán.
Sus vecinos, imbuidos por esta contagiosa fiebre del oro, trataron de encontrar el lugar exacto en donde se hallaba el oro, pero Jacob Waltz nunca dio su brazo a torcer, llevándose su secreto a la tumba, después de su muerte acontecida el día 25 de octubre de 1891 a la muy respetable edad de 81 años.

Hoy en día, cientos de turistas visitan esta zona situada a unos 48 kilómetros al este de Phoenix, muy cerca del antiguo pueblo minero de Goldfield (curioso nombre), algunos de ellos incluso llevando consigo una copia de este misterioso mapa del tesoro que aún espera, pacientemente, el momento de ser descubierto.

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