ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: EL TESORO TARTÉSICO DE ALISEDA
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miércoles, 16 de noviembre de 2016

EL TESORO TARTÉSICO DE ALISEDA



El tesoro de Aliseda se descubrió un lejano 29 de febrero del año 1920, cuando de forma casual dos hermanos (Victoriano y Juan Rodríguez Santana) encontraron unos extraños objetos mientras trataban de extraer tierra de arcilla, para utilizarla en unos hornos de tejas y ladrillos, de los cuales eran propietarios. Como es normal, teniendo en cuenta su limitada educación e inexistente bagaje cultural, ninguno de ellos se percató de la importancia que tenían los objetos que en ese mismo momento tenían en sus manos. Afortunadamente, en esta ocasión, el Estado decidió actuar con premura y por eso, unos meses más tarde, en septiembre del mismo año, el tesoro ya ocupaba un lugar de privilegio en una de las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional de España. 

Debido a su innegable valor histórico, lo encontrado en esta pequeña localidad cacereña se terminó convirtiendo en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en la historia de la Arqueología española. Aunque no lo podamos afirmar con rotundidad, el tesoro de Aliseda parece formar parte de un ajuar funerario, vinculado a un enterramiento de al menos un hombre y una mujer de la alta aristocracia tartésica, tal y como lo demuestra la presencia de un cinturón masculino y una diadema femenina. Para nuestra desgracia, las circunstancias en las que se produjo el hallazgo, nos impiden precisar si este conjunto se trata de un simple tesoro relacionado con un contexto habitacional o religioso, o si es, como hemos dicho, un auténtico ajuar, pero en cualquier caso datado en el siglo VII a.C. 




Aunque se llegó a plantear la posibilidad de que estas piezas hubiesen llegado directamente desde Oriente, en la actualidad los especialistas consideran que el tesoro fue elaborado, muy probablemente, en algún taller peninsular, pero a partir de la utilización de unas técnicas claramente fenicias. Como ya sabemos, el pueblo fenicio fue el primero en llegar a la Península Ibérica procedente de Oriente entre los siglos X y IX a.C. atraídos por la abundancia de metales preciosos de los que, sin duda, hablaban los arrojados comerciantes orientales. Aquí pudieron acceder, sin demasiados problemas, a todas estas riquezas, intercambiándolas por manufacturas de lujo y una gran variedad de productos exóticos, estableciendo un sistema de distribución poco equitativo y muy provechoso para los colonizadores. La presencia fenicia, no se tradujo únicamente en la imposición de este modelo comercial, porque su influencia fue también determinante a la hora de explicar el desarrollo del pueblo tartésico. Las creencias sobrenaturales, la escritura, arte y urbanismo, y especialmente sus adelantos técnicos fueron asumidos por las poblaciones autóctonas, estimulando su progreso y una mayor complejidad social, de la que es reflejo las tumbas principescas dotadas de un ostentoso ajuar, que empezamos a ver justamente, a partir de ahora. 




Es por este motivo por el que el tesoro de Aliseda es realmente importante al informarnos sobre la nueva configuración de la población tartésica en este periodo conocido como “orientalizante”. En su conjunto está formado por un piezas de extraordinario valor, como un brasero y un vaso de plata, una jarra de vidrio y espejos de bronce, pero lo que predomina es el oro, del que se conservan 285 objetos o fragmentos, muchos de ellos con piedras semipreciosas engastadas y para cuya realización se emplearon técnicas fenicias, como el granulado, filigrana y soldadura. 





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