ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: EL MONSACRO Y EL TESORO PERDIDO DE LOS VISIGODOS.
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sábado, 12 de noviembre de 2016

EL MONSACRO Y EL TESORO PERDIDO DE LOS VISIGODOS.



España es un lugar en donde, desde tiempos antiguos, ha venido a parar una gran parte de las reliquias y objetos de culto más importantes de la religión judeocristiana. Este es el motivo por el que una nueva generación de investigadores ha vuelto su mirada hacia el estudio de estos auténticos enigmas de nuestro pasado. Entre ellos, uno ha llamado la atención por encima de todos. Me refiero a la famosa Mesa de Salomón, que muchos han relacionado con la Mesa de los Panes de la Presencia, mandada construir por Moisés durante el Éxodo del pueblo israelita en el desierto, y que más tarde ocupó un lugar de privilegio en el interior del gran templo erigido en Jerusalén, durante el reinado del rey Salomón. Esto es al menos lo que nos cuenta la historia, porque este objeto de poder tiene asociada otra parte legendaria, aquella referida al Shem Shemaforash, un concepto que según una antigua tradición otorgaba un grado de sabiduría de origen divino a aquel que tuviese conocimiento de este nombre secreto de Dios.

Rey Salomón

           Según esta misma leyenda, el poderoso rey Salomón tuvo acceso a este secreto, y por tanto no nos debe extrañar que, antes de su muerte, decidiese perpetuar el Shem Shemaforash, a partir de una inscripción que mandó realizar sobre uno de los objetos de culto más importantes de la religión yahvista como era la Mesa de los Panes de la Presencia. Esta inscripción que realizó sobre una mesa que a partir de entonces se llamó de Salomón, constaba de una serie de signos geométricos que plasmaban nada menos que la fórmula de la creación. En mi libro, El nombre de Dios. El enigma de la mesa de Salomón, tuve la oportunidad de analizar con detenimiento las circunstancias en las que se produjo la posible llegada hasta nuestro país de la Mesa de Salomón, pero en esta ocasión asociada al famoso tesoro sagrado de los visigodos.
A diferencia de lo que ocurre con otros objetos de poder, de los que apenas tenemos referencias para tratar de adivinar cuál fue el recorrido histórico que protagonizaron antes de quedar depositados en algún lugar secreto y desconocido, en el caso de la Mesa de Salomón hay pruebas suficientes para suponer que esta poderosa reliquia habría sido capturada por las legiones de Tito en el año 70 de nuestra Era, tras conquistar y saquear el fastuoso Templo de Jerusalén. 
Arco de Tito.

Este fue uno de los momentos decisivos para averiguar el destino final de la reliquia, ya que tenemos la suerte de contar con los escritos de Flavio Josefo en su Guerra de los Judíos, en la que este historiador contemporáneo a los hechos asegura que: entre la gran cantidad de despojos, los más notables eran los que habían sido hallados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro. Como el lector imaginará, este tesoro de los judíos fue llevado hasta Roma para permanecer en la capital del Imperio hasta muchos siglos más tarde, y más concretamente hasta el año 410, cuando el joven y vigoroso rey godo Alarico I conquistó y saqueó la ciudad consiguiendo un espectacular botín entre el que destacó el antiguo tesoro capturado en tierras de Palestina por los hombres de Tito.
Aunque pueda parecer increíble, en esta ocasión volvemos a tener referencias de otro historiador del siglo VI, Procopio de Cesarea, cuando en su Libro de las Guerras V afirma como habría llegado el botín hasta el sur de Francia de manos de los visigodos: Alarico en tiempos anteriores lo había tomado como botín cuando capturó Roma. Entre ellos estaban también los tesoros de Salomón, el rey de los hebreos, un espectáculo más digno de mención… la mayoría estaban adornados con esmeraldas, y lo habían llevado de Jerusalén los romanos en la antigüedad. La referencia de Procopio me volvía a poner sobre la pista. Todo parecía indicar, al menos así lo demuestran las fuentes, que el antiguo tesoro de los judíos estaba en el mediodía francés en el siglo V, pero no lo estuvo por mucho tiempo porque, como ya sabía, los francos de Clodoveo expulsaron a los godos en el 507 después de la batalla de Vouillé, por lo que estos no tuvieron más remedio que retirarse hacia unas posiciones más seguras al sur de los Pirineos, en donde finalmente lograron crear un nuevo reino con capital en Toledo. La información recogida en la obra de Procopio y las innumerables tradiciones que vinculan la llegada de la Mesa de Salomón hasta la ciudad del Tajo (en donde permaneció hasta la conquista musulmana del 711) me permitieron esbozar una especie de mapa del tesoro que, inevitablemente apuntaba hacia España.

Por si fuera poco, logré descubrir que a partir de esta fecha volvemos a tener nuevas referencias documentales, esta vez por parte de los cronistas musulmanes, los cuales aseguraron que los poderosos caudillos Tariq y Muza, protagonizaron una incansable búsqueda del tesoro y especialmente de la mesa de Salomón. Mucho se dijo sobre el lugar en donde finalmente quedó oculto este tesoro sagrado visigodo. Algunos opinaron que nunca salió de Toledo; otros prefirieron pensar que fue escondido en algún enclave cercano a la ciudad de Jaén. La respuesta a este enigma no tenía fácil solución, aunque desde mi punto de vista, el estudio del destino que tuvieron la práctica totalidad de las reliquias que en su momento estuvieron en manos de los visigodos, me llevó a la convicción de que estas habían sido trasladadas hacia el norte, para buscar cobijo en las montañas asturianas, tal vez hacia un lugar donde existió una enorme concentración de reliquias: el majestuoso Monsacro. Situado en las cercanías de la localidad asturiana de Morcín, este enclave mágico siempre ha estado relacionado con la presencia de lo divino. Allí se descubrieron túmulos funerarios y sepulturas de época megalítica.  
Monsacro

También sabemos que los antiguos astures rindieron culto a su dios Teleno, aunque si por algo fue conocida esta montaña fue por haberse convertido en el lugar donde en su día reposaron las reliquias del Arca Santa, las cuales permanecieron a salvo de los conquistadores musulmanes en la cueva de Santo Toribio, hasta que fueron trasladadas hasta la ciudad de Oviedo en el siglo IX. Es más, en una conversación que tuve con el periodista Manuel Cimadevilla, este me aseguró que la Montaña Sagrada estaba situada en una posición estratégica, al ser punto de encuentro de dos vías emblemáticas como la Ruta de la Plata y el Camino de Santiago. Sorprendentemente, en el Monsacro podemos encontrar dos pequeñas capillas que según el periodista asturiano fueron erigidas por los templarios, los cuales habrían llevado a cabo una serie de excavaciones en este mismo lugar con la finalidad de encontrar antiguos objetos sagrados, e incluso los legendarios manuscritos secretos de Salomón.
En mi investigación para tratar de descubrir un rastro que me llevase hasta el lugar de reposo del famoso tesoro sagrado de los visigodos, tuve la suerte de ponerme en contacto con el investigador Eladio de la Concha, cuyo trabajo abre un nuevo camino en esta larga y apasionante búsqueda de la mesa de Salomón. Según él, una buena parte de las reliquias cristianas habrían llegado durante el reinado de Alfonso II hasta la Montaña Sagrada asturiana, pero cabe la posibilidad que las de naturaleza veterotestamentaria, como la Mesa de Salomón o incluso el Arca de la Alianza, fuesen trasladadas hasta Santo Toribio de Liébana o a la iglesia de San Salvador de Valdediós, conocida popularmente como “el Conventín”, en el término municipal de Villaviciosa. Resulta curioso que muchos siglos más tarde, el rey Carlos V iniciase su primer viaje por España precisamente por estos mismos lugares, tal vez con el objetivo de reclamar un tesoro que le pertenecía, por considerarse descendiente de los reyes visigodos.
Valdediós


Con todos estos datos, dirigí de nuevo mi mirada hacia la ciudad de Toledo. En la bella y acogedora ciudad del Tajo pude recoger nuevas referencias documentales que parecían confirmar la evacuación del tesoro visigodo antes de la caída de Toledo en manos de los musulmanes. Sin salir de mi asombro pude comprobar cómo los cronistas musulmanes, entre ellos Al-Maqqari en su obra Naft al-Tib, recogían noticias sobre la búsqueda de una ‘mesa’ que indudablemente no pudieron encontrar: Tariq se dirigió a Toledo, capital de la monarquía goda, y la encontró vacía, pues sus habitantes habían huido y se habían refugiado en una ciudad que estaba al otro lado de las montañas. Reunió entonces a los judíos de Toledo, dejó en ella a algunos de sus compañeros y se marchó detrás de los que habían huido de Toledo. Se encaminó hacia Wadi al-Hiyara, luego se dirigió hacia el monte y lo cruzó por el fayy —desfiladero— que lleva ahora su nombre. Y llegó a la ciudad de Al-Ma’ida, tras el monte, referido a la mesa de Salomón, hijo de David, mesa que era de esmeralda, tanto sus bordes como sus pies, que son trescientos sesenta y cinco. De esta forma, los investigadores centraron su atención en la búsqueda de esta desconocida ‘Ciudad de la Mesa’ de la que hablaban los cronistas musulmanes, como Ajbar Machmua, quien llegó a asegurar que al no ser capaz de encontrar su anhelado tesoro, Tarik viajó más hacia el norte, hasta la ciudad de Amaya, haciendo el mismo camino que hicieron los visigodos que decidieron trasladarse hacia el norte y siguiendo los pasos del que sería rey Pelayo, considerado último custodio del tesoro visigodo. Desde entonces el misterio continúa, a pesar de todos los intentos por encontrar un objeto que, tanto tiempo después, sigue desafiando a los estudiosos del pasado.



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